






Bertrand Russel nace el 18 de mayo de 1872 dentro de una destacadísima familia aristocrática de Inglaterra (descendiente de los duques de Bedford) muy próxima a las ideas liberales y progresistas de la época. Su abuelo paterno había sido por dos veces primer ministro y dirigente del Partido Liberal, situación que aprovechó para introducir importantes reformas sociales y políticas.
Tanto la madre como el padre de Bertrand provenian de una tradición racionalista y atea. Fueron amigos muy cercanos a John Stuart Mill y dispusieron que sus hijos se educaran con tutores que compartiesen esas mismas ideas.
Sus padres murieron practicamente de forma consecutiva (1874 la madre y en 1876 el padre) y la educación de los dos hijos del matriminio Russell pasó a ser responsabilidad de la abuela materna. Esta no respeto la voluntad de educar los hijos en las ideas racionalistas aunque Bertrand pronto abandonaría las ideas religiosas de su primera educación.
Aunque apenas tenía contacto con personas con las que discutir sus primeras ideas, cuando descubre las matemáticas (comienza a estudiar geometría a los 11 años), encuentra una de sus grandes pasiones que calificará más adelante como “… uno de los grandes acontecimientos de mi vida, tan deslumbrante como el primer amor“.
Bertrand se dedicara por completo al estudio de las matemáticas y la filosofía graduándose en 1893 (matemáticas) y en 1894 (filosofia). Desde entonces, iniciará una intensa vida intelectual publicando de numerosos libros y tratados matemáticos, filosóficos, sociales y políticos que le convertirán sin lugar a dudas en uno de los grandes personajes del siglo XX.
Tan pronto como a principios del siglo XX, Bertrand comienza su activismo político en el que se destacó tanto como en su vida académica, por su ardor en favor de la justicia y la libertad universal así cómo por un mundo más racional y coherente con las ideas democráticas que tanto cacareaban (y cacarean…) las élites gobernantes de la época.
Entre 1903 – 1904 hizo campaña en favor del libre comercio mundial (verdadero libre comercio no el eufemismo actual), en contra de la política imperial inglesa del momento. También hizo campaña y se presentó en 1907 a candidato al Parlamento como partidario del derecho al voto de las mujeres.
Años más tarde, en 1914 estalla la Primera Guerra Mundial en un marco de completo y absoluto idealismo irracional desbordante. Era, como la calificaron destacados intelectuales de la época, “la guerra que acabará con todas las guerras“. Será la primera de las muchas carnicerias del siglo XX.
Russell desde el primer momento se opone a ella y a principios de 1916, cuando se introduce el servicio militar obligatorio, escribe una carta al diario Times autoinculpandose como autor de un panfleto antibelicista que seis activistas repartieron antes de ser detenidos. Inmediatamente es expulsado del Trinity College de la universidad de Cambridge, del cual había sido profesor años antes. Otra universidad, la de Harvard, le invitará a impartir sus clases aunque el gobierno británico le niega el pasaporte.
Continuó trabajando y escribiendo en contra de la guerra (se hizo objetor y se negó a ir al frente) e hizo llegar de forma encubierta al presidente Wilson, una carta en la que le pedía que EEUU no entrara en la guerra. A finales de 1917, escribió un artículo en el que hablaba sobre la oferta de paz alemana. Una vez más, fué condenado por ejercer un derecho tan básico, a nada menos que seis meses de carcel.
Desde los primeros tiempos, Bertrand Russel fué un criticó incansable de todos los totalitarismos, especialmente del soviético que vió como desde el principio suprimia grandes espacios de libertad y se convertía en la “revolución traicionada”.
En 1941, se ve involucrado en un proceso jurídico que le impedirá impartir la asignatura de matemáticas en la universidad de Nueva York. La causa, la “inmoralidad” de los contenidos de su obra “Matrimonio y moral”. La grave “inmoralidad” que impartía el libro, era hablar en favor de la destabuización de la sexualidad, el control de la natalidad así como por quitar importancia a la infidelidad conyugal.
Su personalidad y sensibilidad que le hacía sentir como propias las muchas desdichas del mundo
moderno, le provocaron no pocos sufrimientos. Preocupado por una Tercera Guerra Mundial ya a principios de los años 50, hizo campaña en contra de la esquizofrénica carrera armamentística, en especial contra las armas nucleares una de las mayores amenazas para la supervivencia del género humano ayer y hoy.
Fundará junto con Albert Einstein, el Movimiento Pugwash para el desarme nuclear y formará parte del Comité de los 100 por la desobediencia civil, también con el objetivo de conseguir el desarme internacional. En una de tantas protestas, el filósofo ya de 90 años fue arrestado y encarcelado una vez más. Tras la Crisis de los Misiles se implicó en causas relacionadas con presos políticos de Brasil, Birmania, El Congo, Grecia, Filipinas, Irak y Rusia.
Sobre Palestina y la situación de su pueblo, Russell escribió. “La tragedia del pueblo palestino es que su tierra fue “entregada” por un poder extranjero a otras personas“.
Russell se implicó de forma considerable en la condena de la guerra de Vietnam (publicó el libro “Crímenes de guerra en Vietnam” en 1967) y a medida que el conflicto se extendía, sus protestas también lo hicieron. Se constituyó el simbólico Tribunal de Crímenes de Guerra que buscaba sacar a la luz las abyectas políticas que se estaban llevando a cabo en el sudeste asiático.
Poco tiempo después de que se cometiese otra matanza en Vietnam, durante una ceremonia, el
primer ministro de Inglaterra (que apoyaba la guerra) se le acercó y le tendió la mano. “Que tal señor Russell”. Bertrand le dió la espalda y se alejó. Más tarde comentaría que le “repugnaba la idea de estrechar la mano a aquel hombre“.
Bertrand Russell muere el 2 de febrero de 1970 a los 98 años de edad tras haber recibido innumerables honores (entre otros el premio nobel de literatura) pero más importante aún, tras ver como muchas de sus revolucionarias ideas sobre moral y ciencia triunfaban.
Su figura, apenas conocida y reconocida justamente, sigue sin embargo, siendo imprescindible para ver en ella a una persona que más allá de la rigidez de la sociedad en la que le tocó vivir, dió una lección de vida dedicada a la erudición y al mismo tiempo a aportar su grano de arena contra las injusticias de un mundo que cada vez parecía y parece más inhumano.
“Los científicos se esfuerzan por hacer posible lo imposible. Los políticos por hacer lo posible imposible“. Betrand Russell