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Orígenes de la moderna manipulación de masas

Durante la primera mitad del siglo XX y concretamente durante su primer cuarto, una nueva generación de intelectuales estadounidenses desarrollaron nuevas teorías para el control del pensamiento con la vista puesta en moldear la percepción de los ciudadanos y evitar que estos pudieran convertirse en una fuerza activa y decisiva de la escena política nacional de EEUU. Estas teorías mantenían el clásico y rígido carácter clasista y al mismo tiempo introducían capitalismnuevos conceptos políticos liberales y científicos tales como la psicología de Sigmund Freud. Una de las características diferenciadoras con otros sistemas de control de pensamiento anteriores, es que esta vez la nueva maquinaria se centraría en el  control indirecto del individuo a diferencia de cómo se venía haciendo desde antaño.

La nueva maquinaria de manipulación y exclusión social, estaba empapada en una larga tradición de intelectuales y estadistas que han considerado desde antaño hasta nuestros días que a la plebe, por su condición y destino, no se le pueden confiar asuntos y responsabilidades tales como la elección de sus líderes y mucho menos que esta entre a ser parte activa de las decisiones.

Según las nuevas ideas que iban apareciendo, para mantener el tejido social estable y las estructuras de poder intactas en un sistema más o menos liberal, es necesario crear la ilusión de que los ciudadanos son participes de la política de la nación cuando en realidad las decisiones más importantes son tomadas por pequeñas camarillas y grupos de presión. Al mismo tiempo y mientras se crea esa ilusión un nuevo tipo de propaganda y lenguaje político se fue poco a poco imponiendo con la idea de canalizar los sentimientos y ansias de partes del populacho hacia intereses particulares y de partido.

Como se ha expuesto, este modelo mantenía la tradicional base clasista de la sociedad por la cual la clase dominante, élites económicas y políticas y por extensión élites intelectuales, tienen la misión casi divina de iluminar a sus ciudadanos en la elección del mejor camino para el buen gobierno de la nación.

Si los gobernantes bizantinos (y posteriormente los monarcas absolutos europeos) afirmaron que su poder y legitimidad descendía directamente de Dios (código de Justianano), las nuevas élites del final de la Edad Moderna, afirmaban sin empacho que su posición de privilegio económico, político e intelectual era el resultado de un destino reservado sólo a unos pocos virtuosos de su clase y que esta misma posición les “obligaba” a tomar el control de los puestos de mando de la nación para el beneficio de todos. “Lo que es bueno para nosotros es bueno para el pueblo”.AlexanderHamilton

Entre aquellos que influenciaron más a los nuevos “intelectuales de la manipulación”, se encuentran algunos de los mismos “padres fundadores” de Estados Unidos. Los “padres fundadores” provenían en su inmensa mayoría de la aristocracia británica o de la burguesía colonial y aunque tenían posturas muy claras sobre los distintos papeles de las diferentes clases sociales, a menudo, estas ideas se entremezclaban con otras ideas liberales que supieron explotar.

Alexander Hamilton, economista, político, escritor, abogado y soldado estadounidense que participó en la Guerra de la Independencia, fue secretario y amigo íntimo de George Washington. Hamilton tenía una visión muy platónica de su pueblo. En una conversión con Washington expuso : “Su pueblo, señor Presidente, es una gran bestia“. Hamilton creía que “Si nos inclinamos demasiado hacia la democracia, pronto caeremos en la monarquía“. Esto tenía una explicación preconcebida de clase por la cual y según sus propias palabras, “Los hombres son animales razonables regulados por el impulso de la pasión“. Por “los hombres“, se entiende, que se esta refiriendo a los individuos que no forman parte de su condición social.

Es por ello, que la sociedad de la que hablaba Hamilton, necesitaba de una nueva élite de individuos con una preparación especial que les destinara a gobernar casi por derecho. A priori, esta forma de pensamiento tan clásica parece provenir de la obra La República de Platón (el autor clásico más influyente de la Edad Media), en la que se define cómo para el buen gobierno de la nación debería existir una clase extremadamente selecta de individuos.

Dicho esto, podemos preguntarnos ¿porque entonces estas primeras élites estadounidenses se inclinaron hacia la democracia?. La situación social y política posterior a la guerra de Independencia era en extremo inestable y los ciudadanos habían luchado en aquella guerra tratando de vivir libremente y evitando depender del capricho de injustificadas y arbitrarías políticas monárquicas como las subidas de impuestos que llevaron al conflicto armado entre las colonias y la metrópoli.

Si bien se adoptaron ciertas características de lo que se entiende por democracia, en realidad las élites pudieron valerse de esta idea para crear la ilusión en el pueblo de que este era participe de una nueva y única forma de gobierno mientras en realidad lo fundamental no cambiaba. Y es que para Platón y su República, la democracia era un modelo condenado al fracaso por el propio modelo de participación que tenía y porque el mismo Platón fué testigo de la caída de Atenas bajo el yugo de Esparta. Para Platón, esta última era su modelo de buen gobierno, una nación con una clara separación de clases, una selecta élite guerrera y política que permitía, en teoría, el ascenso social de unos pocos que demostraran su valía.

John Stuart Mill fue otro de los destacados personajes que ayudó a crear uno de los primeros climas de manipulación de masas bajo un pretexto humanitario. Mill, considerado uno de los más grandes intelectuales occidentales del siglo XIX, defendió con guerraopioardor las ideas que conducirían a uno de los más mayores genocidios de dicho siglo.

La hecatombe social que provocó la entrada y permanencia del Imperio británico en la India, se plasmó en seguida en múltiples hambrunas, revueltas y matanzas de indios de toda clase. La población británica conocía en gran parte esta situación y existía una amplia literatura de la “caza del indio” pero esta y aquellos que tenían cierto poder habían sido convencidos de que la expedición tenía en su fondo nobles intenciones. En realidad, dichos fines tenían como objetivo encubierto la apropiación del comercio del opio indio hacia China y el establecimiento de la más grande y extraordinaria estructura de narcotráfico internacional que había visto la historia humana, estructura que permitió a la reina Victoria y a muchos de sus secuaces obtener riquezas mas allá de lo que es capaz de soñar la avaricia“. [1]

Así pues, se podría plantear que fue surgiendo una nueva, mejorada y tecnificada comunidad de intelectuales del poder con una clara vocación de “educar al populacho” de las ciudades y “orientarlo” en las diferentes materias políticas de la nación tocando con frecuencia su fibra sensible cuando fuera necesario para permitir a las clases dirigentes, llevar adelante sus agendas en la medida de lo posible.

Con el tiempo y ante la caída de los grandes imperios, Estados Unidos, paradigma de la nueva nación libre y democrática, se apresuró a hacerse con el control de los despojos imperiales en su área de influencia definida por la Doctrina Monroe. Para ello, era necesario convencer a una población no dispuesta, de acometer las inminentes aventuras bélicas que llevarían a la consolidación de Estados Unidos como potencial mundial. Y es aquí probablemente, en la encrucijada de finales del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX, donde se establecen las bases del periodico1989cubaproceder de la moderna manipulación de masas, caracterizada por el control indirecto del pensamiento del individuo mediante un nuevo lenguaje político y una vasta industria de propaganda y relaciones públicas.

La primera de estas grandes aventuras bélicas fue la declaración de guerra a España y la posterior invasión, ocupación y anexión de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam (esta última sigue hoy ocupada por una enorme base aérea). Basándose en una falsa agresión española contra el acorazado Maine (que había acudido a La Habana, según la versión oficial, para asegurar los intereses de los residentes estadounidenses en la isla), el gobierno estadounidense en coordinación con destacados intelectuales y medios de comunicación, lanzó una gran campaña en favor de la guerra que rápidamente se convirtió en una ola de fanatismo en masa. Los intereses estadounidenses se mezclaron con la habitual retórica humanitaria,  EEUU era la nación que iba a liberar Cuba de los imperialistas españoles.

Usted suministreme las ilustraciones, que yo le suministraré la guerra“, comunicó el magnate de la prensa William Randolph Hearst, al dibujante del Journal, Rémington, quien después de varios días en La Habana a finales de 1897 telegrafió a Hearst diciéndole: “Todo está en calma. No hay problemas. No habrá guerra“. Y efectivamente hubo guerra.

Orientar y canalizar a la “gran bestia” de acuerdo a los tradicionales intereses de las élites con nuevos medios y una astucia maquiavélica renovada, sería relativamente fácil en la nueva edad industrial.

Otra de las primeras y grandes campañas de manipulación de masas del siglo XIX fue TheSeveredHandsOrderedByLeopoldo'sIIMen1890la anexión a Bélgica de la vasta región centroafrica que hoy se conoce como R.D del Congo. Leopoldo II, valiéndose de aportaciones económicas y prestamos provenientes de empresas, instituciones e incluso del propio Estado belga, envió expediciones al África que Occidente aún desconocía tras los continuos rumores e historias de las innumerables riquezas allí existentes descritas por aventureros,  exploradores y “comerciantes guerreros”. De cara al público, toda la empresa fue revestida de un carácter altruista y el principal objetivo se convirtió en cristianizar y civilizar a tribus “salvajes” que vivían en la ignorancia y la impostura.

Un tiempo después de  establecerse la “Asociación Internacional del Congo” (organización tapadera de las verdaderas ambiciones del monarca belga), Leopoldo II estableció un consorcio de banqueros para financiar nuevas y más amplias exploraciones, esto es la colonización europea del interior del Congo. Durante la “Conferencia de Berlin” (noviembre 1844 – febrero 1845), los Estados y monarquías europeas reconocieron dicha asociación y todos se unieron a uno de los mayores negocios y genocidios de la historia dentro del ahora llamado “Estado Libre del Congo”. Tras varias décadas de saqueo, enfrentamientos provocados entre tribus y esclavismo salvaje de todas las edades y condiciones, Leopoldo II tuvo que ceder el control de su “coto privado” al Estado belga. La particular forma europea de “civilizar” a pueblos “salvajes” le había costado la vida a 10 millones de personas.

En EEUU, tras la bandera falsa del Maine en Cuba, no tardaría en presentarse una nueva y gran woodrow_wilsoncampaña de manipulación, quizás una de las mayores de la Historia Contemporánea, la entrada de EEUU en la Primera Guerra Mundial.

Esta campaña llevó a una población mayoritariamente pacifista (o aislacionista) a convertirse en apenas 6 meses en una población desaforadamente belicista gracias a las actividades de la Comisión Creel, un grupo de individuos pertenecientes al gobierno que mediante la difusión de propaganda, mentiras y atrocidades inventadas, permitieron llevar a Woodrow Wilson (cuyo partido se había presentado a las elecciones con el eslogan “Paz sin victoria”) a declarar la guerra a Alemania. Este hecho constituye un caso de estudio especialmente destacado, un hito en las relaciones públicas modernas que aún causa el asombro de académicos y estudiosos de la capacidad de manipulación de la propaganda. Wilson y su “idealismo wilsoniano” es hoy en día un modelo y referencia a seguir para los partidarios de las “intervenciones humanitarias” o traducido, intervenciones militares bajo pretexto de ayuda o asistencia social a otros países.

Una vez más, los intelectuales se involucraron ampliamenteJohn Dewey, filósofo, psicólogo y pedagogo estadounidense de ideas progresistas se mostró orgulloso de haber demostrado como los “hombres más inteligentes de la comunidad” habían convertido a la población en unos histéricos chovinistas. Otros intelectuales europeos urgieron de forma romántica a la población a enrolarse para combatir en la “guerra que acabaría con todas las guerras“.

Es en este periodo, durante el cual surgirá una generación de pensadores de Estado que consolidaran y harán evolucionar la manipulación social ya existente hacia métodos casi científicos. Hombres como Edward Bernays, Walter Lippman, Reinhold Niebuhr, Everett Ladd o Harold Lasswell se convirtieron en algunos de los miembros más destacados de la comunidad política e intelectual estadounidense de toda una era. Pero esa es ya otra historia.

FUENTES Y MAS INFORMACION:

  • [1] Geoffrey Parker. La revolución militar : innovación militar y apogeo de occidente, 1500-1800 Alianza Editorial, S.A. 2002 ISBN 84-206-6790-0 (The Military Revolution: Military Innovation and the Rise of the West, 1500-1800, 2ª ed. Press Syndicate of U. of Cambridge, 1996).
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