






Norteamérica, finales del siglo XVIII. Durante la guerra entre Inglaterra y Francia, las tribus iroquesas luchan del bando de los ingleses a cambio de un tratado que les ofrezca tierras así como
derechos comerciales. Derrotados los franceses, los iroqueses vieron cumplidas sus expectativas y fueron recompensados con tierras y derechos para comerciar en lo que hoy es el Estado de Nueva York.
Cuando comienza la guerra de independencia, las tribus iroquesas dan su apoyo una vez más a los ingleses en contra de los revolucionarios americanos. A resultas, George Washington (general del ejército rebelde) ordena el 4 de junio de 1779, ordena la invasión del territorio iroqués.
La medida va más allá de un clásico conflicto armado y se convierte rápidamente en una limpieza étnica dispuesta por el propio general rebelde. Washington tendrá claro desde el principio su estrategia para con los indígenas iroqueses. Ordenara que sean masacrados tantos indios como sea posible sin hacer concesiones ni distinciones de edad o sexo. En sus propias palabras, “Es fundamental destruir no sólo a los hombres, sino también sus poblados y plantaciones. Se arrancará todo lo sembrado y se impedirá cualquier nueva plantación o cosecha. Lo que no pueda lograr el plomo, lo harán el hambre y el invierno.” [1]
Aquellos que sobreviven, serán obligados a servir como esclavos para aquellos colonos
privilegiados.Entre junio y diciembre de 1779, 40 poblados comunidades iroquesas con sus correspondientes tierras serán arrasadas por los “revolucionarios” siguiendo ordenes de Washington.
La estrategia de los Estados Unidos para con las distintas tribus de Norteamérica, sería desde entonces muy similar por no decir la misma. Presión continua, reducción a pequeñas áreas (reservas) y posterior expulsión de las mismas para su “integración” (marginación) en la sociedad.
Cuatro años más tarde, con Estados Unidos en constante proceso expansión territorial y económico, George Washington escribe. “La extensión gradual de nuestros asentamientos provocará la retirada tanto del lobo como del salvaje; ambos son animales de presa, aunque sean distintas sus formas” [2].
En la misma línea se mostraron posteriormente otros “padres fundadores” como el admirado Thomas Jefferson que se quejaba, de las “tribus atrasadas” de la frontera que volverían a “caer en la barbarie y la miseria, verán reducido el número de sus miembros por la guerra y la escased, y nosotros nos veremos obligados a hacer que se alejen, junto con sus bestias de los bosques, hacia las montañas“.[3]
El siglo siguiente vería como los sucesores de los padres fundadores iban aún más allá, durante la “conquista del oeste” que Hollywood dulcificaría posteriormente. Decenas de miles de Cherokees, Chickasaws, Chocktaws, Creeks y Seminolas serían masacrados o expulsados de sus tierras durante la presidencia de Andrew Jackson, alias “Cuchillo Afilado”. Posteriormente, les llegaría el turno a los Lakota tras el incidente de las Black Hills.
Década a década, los indios de las restantes tribus, Sioux, Arapahoe, Cheyenne, Kiowa, Comanches, Apaches, Navajos, etc se verán obligados a jugar a nuevo juego sucio dictado desde Washington. A los tratados de paz firmados con las tribus, les seguirán continuas violaciones de los mismos seguidos por deportaciones que marcaran la nueva estrategia para dar el golpe definitivo a unas culturas “física y psíquicamente impotentes“. [5]
FUENTES Y MAS INFORMACION
[1] Red Voltaire. www.voltairenet.org/article125729.html
[2] [3] [4] Año 501, la conquista continua. Noam Chomsky
[5] Georg Wilhelm Friedrich Hegel.