






‘Paperclip’ fue el nombre en clave dado a un proyecto de la Joint Intelligence Objectives Agency (JIOA) (agencia que entonces agrupaba a todos los servicios de inteligencia militar de los Estados Unidos) que supuso la desnazificación de Alemania al finalizar la Segunda Guerra Mundial y la “nazificación” posterior del “país de la oportunidades”.
Bajo ‘Paperclip’, varios cientos de tecnocratas, científicos, doctores y médicos fueron amnistiados de cargos como crimenes contra la paz y crimenes contra la humanidad a cambio de ser reclutados para que continuaran los trabajos que habían desarrollado para el “Reich de los 1000 años”.
El ejército estadounidense y los servicios de inteligencia tenían un interés inusitado en hacerse con el control de todos los documentos y conocimientos obtenidos por la Alemania nazi en el campo de los cohetes, armas químicas y medicina. La carrera armamentística con la Unión Soviética había comenzado y aunque esta también había reclutado a científicos nazis, todo parece indicar que esta carrera comenzó de forma desigual para los comunistas.
Los servicios de inteligencia estadounidenses también ofrecieron pactos similares a doctores y médicos japoneses que habían participado en crímenes similares. Uno de los ejemplos más sobresalientes del ámbito japones fue el reclutamiento Ishi Shiro, coronel y microbiólogo que dirigió experimentos con humanos tales como vivisecciones, exposiciones a químicos y enfermedades modificadas en laboratorio, pruebas de los efectos de armamento convencional, pruebas en tanques de presión, etc.
La grotesca unidad 731 dirigida por Ishi fue además, la responsable de la liberación de millones de ratas infestadas con cepas modificadas del tifus y el colera en vastas áreas de China en el ámbito de la guerra química y biológica que Japón llevo a cabo contra esta. Aún en nuestros días, los efectos del tifus y el cólera esparcidos en aquellos días sigue teniendo incidencia sobre la población.
El destino de Ishi Shiro es quizás uno de los más increíbles de entre todos los criminales de guerra reclutados por Estados Unidos, dado el sadismo y brutalidad de su unidad 731. Ishii, tras entregar toda la documentación de sus experimentos, permaneció un tiempo en el país y con su historial ya limpio pudo llevar una vida completamente normal. Posteriormente regresó a Japón donde se le recibido con todos los honores y durante sus últimos años fue nombrado (por increíble que parezca) gobernador de Tokio, presidente de la Asociación Médica y presidente del Comité Olímpico de Japón.
El destino que recibieron algunos de los más destacados y prominentes miembros de la maquinaria de guerra nazi y nipona aún hoy sigue siendo motivo de vergüenza para unos y de justificaciones chovinistas (en su mayoría basadas en la “amenaza inmediata” que suponía la Unión Soviética) para otros.
El caso más conocido y el que levanto mayor polvareda en la opinión publica de Estados Unidos fue el del ingeniero aeronáutico Werner von Braun, director de la NASA y jefe del proyecto Apolo que llevó al hombre a la Luna. Durante el régimen nazi, Braun era uno de los máximos responsables del centro de pruebas de Peenemünde.
El proyecto que dirigía Braun se valía del campo de concentración de Mittelbau-Dora también llamado Dora o Dora-Nordhausen. En él se producían los cohetes V2, V1 así como motores de avión en la fábrica subterránea de Mittelwerk valiéndose de mano de obra esclava. Las condiciones de trabajo aseguraban una muerte casi segura por no hablar de la severísima disciplina y terror que se cernía constantemente sobre los trabajadores. Von Braun siempre negó tener cualquier responsabilidad personal en los crímenes nazis.
El prominente nazi, Arthur Rudolph, fue nombrado jefe de proyecto del programa de la nave Saturno V, con el que se llegaría a la Luna en 1969. Rudolph había sido jefe de producción en Mittelwerk durante la guerra y estuvo a cargo de establecer el número de horas de trabajo que podían realizar los prisioneros del campo de concentración de Dora. Al mismo tiempo, un ex miembro de las SS y destacado miembro del programa de Peenemünde, Kurt Debus, llegó a convertirse en director del Kennedy Space Center en Cabo Cañaveral.
Otro científico nazi, Hubertus Strughold, conocido como el “padre de la medicina espacial”, también formó parte de Paperclip. Strughold había experimentado con humanos con el objetivo de estudiar la resistencia al frío del cuerpo y tratar de mejorar la supervivencia de los pilotos alemanes derribados en el mar o que tuvieran que saltar en paracaidas a grandes altitudes. Prisioneros de los nazis eran utilizados para comprobar la resistencia humana al hielo, la absorción de agua salada y a la privación calculada de oxígeno.
También existieron numerosos programas de investigación química y biológica que utilizaron antiguos miembros de la IG Farben, empresa que produjo el gas Zyklon B utilizado en los campos de concentración. Entre los experimentos que se desarrollaron, se conocen los que trataban de obtener antídotos y trajes aislantes contra el gas Tabun y Sarín (desarrollados por los alemanes e importados en grandes cantidades a EEUU), estudios con LSD para futuras guerras “psicoquímicas” que tratarían de debilitar tanto a la población como a las tropas enemigas y estudios con Sernyl más conocido como PCP o “polvo de ángel”, etc etc.
Los seleccionados por Paperclip, estimados en no menos de 700 miembros, y sus familias fueron trasladados secretamente y, en teoría, sin el conocimiento del Departamento de Estado. Sin embargo, la política de captación de antiguos cuadros nazis y japoneses, fue aprobada posteriormente por el presidente Truman y convertida en prioridad nacional. Fue el Consejo de Seguridad Nacional estadounidense, el encargado de integrar a los amnistiados en los servicios de seguridad del Estado o en operaciones clandestinas en el extranjero.
El interés no se centró exclusivamente en el conocimiento científico, al menos para Estados Unidos. Bajo otros paraguas de la inteligencia estadounidense, criminales de guerra, militares, antiguos espías y casi cualquiera que pudiera ofrecer algo importante era susceptible de ser “contratado” para la “agencia”. Grandes “fichajes” en este sentido fueron los de los temibles Reinhard Geheln (antiguo director de los servicios de secretos en Europa oriental durante la guerra) y Klaus Barbie, el carnicero de Lyon entre otros.
La organización que Gehlen dirigió tras la guerra ayudó a más de 5000 nazis a dejar Europa y establecerse por todo el mundo. Barbie colaboró con diversas dictaduras latinoamericanas ayudando a crear y dirigir los brutales pero efectivos “escuadrones de la muerte” en Chile, Argentina y El Salvador.
Otros destacados miembros de regímenes fascistas aliados del Tercer Reich, como Hungría, también obtuvieron refugio en Estados Unidos y países de América del sur.
Hoy en día, toda la documentación relativa a ‘Paperclip’ continua siendo clasificada como secreto absoluto en los EE.UU.
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